29/1/13

Ladrón de fotografías






Julián G. de la Mata, ladrón de fotografías.

Contestatario, irreverente, descreído… Por no creer, el fotógrafo soriano Julián García de la Mata no cree ni en las reglas de la fotografía pues, desde siempre, sintió profunda aversión hacia cualquier tipo de norma, y la fotográfica no iba a ser la excepción. Desde el principio se esforzó en ignorarla, o más aún, en negarla. Después de muchos disparos, sin quererlo -y probablemente a pesar suyo- ciertos aspectos de la técnica fotográfica han ido llegado hasta él: la exposición, la composición, la profundidad de campo, el balance de blancos… todas ellas cosas aburridísimas. Eso sí, lo otro, lo más importante, la creación de un universo propio, el desarrollo de una mirada personal, en definitiva, la magia… eso llegó como debe llegar, en silencio, en soledad, con la práctica de hacer miles y miles de fotografías. La mejor técnica de Julián es su inspiración, su afilada intuición. El "ver" antes que el "mirar".

El proceso que De la Mata sigue para hacer una fotografía normalmente comienza con...
VER MÁS de RECOLECCIÓN (desdesoria.com, pinchando el enlace de "recolección")


Texto: Fernando Pastor
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Desde el domingo pasado, y hasta el siguiente, se puede ver en "Buenas Artes DesdeSoria" una parte de la colección "Recolección". Se trata de robados durante 2011-2012 en Soria, excepto 2 fotos que son de Madrid. Para mí es un honor figurar en esa sección, y más después de ver quienes son mis predecesores.

Éstas de aquí son parte de la colección que no están publicadas en Desdesoria.com

15/1/13

Here they are Celtiberians

No soy lingüista, eso es evidente, pero sí soy diseñador gráfico, y no sé por que me da que la lengua Celtíbera, aún siendo paleohispánica o prerromana, tenía mucho más en común con el alfabeto romano de lo que nos imaginamos.

Sólo hay que darle una vuelta y pulir los flecos.

Por cierto, según me contó mi amigo Tomás, el alfabeto celtíbero carecía de "c".






































La historia de Numancia contada por Keltiberoi tiene muchas historias en sí misma. Muchas historias
que contar.

Está, por ejemplo, la historia del romano Amable, Amable Rodríguez, que se traslada desde la Citerior marítima hasta la Alta Meseta cada vez que hay jarana para recibir palos. Por amor al arte. O por vivir la historia. O porque quiere. También está la historia de los "Kachorros de la Makaa", que eran demasiado jóvenes como para luchar abiertamente en la historia pero lo suficientemente adultos como para jugar a la guerra electrónica o en el paintball. O, si vivieran en Africa, simplemente para estar disparando y encajando en la guerra.
O la del herrero numantino, que anhelaba con ser romano para usar la tecnología -poco pesada- de sus habilísimas herramientas. Y estaba quien no añoraba para nada su cacho de poder, aunque éste fuera efervescente y adictivo.
O la numantina que veía otros mundos a través de ojos extraños como cielos.
O estaba la historia del  guerrero Pelendón Dédalo, que se lamentaba jocosamente de que "Numancia la vieja" no fuera "Andorra la bella" o incluso de que Numancia no tuviera mar ni por asomo, aunque estuviera rodeada de tiburones de afilados ladrillos incisivos, que no incipientes.

La historia de Numancia contada por Keltiberoi tiene muchas historias en sí misma. Muchas historias que hablan, sobre todo, de sueños, de aquellos sueños de la libertad.

Quizá por ello yo me haya tomado la mía para contar, a base de disparos -sí, sí, disparos-, la historia que yo soñé, aunque bien podría jurar que la viví.

... Más que nada, por el tajo que llevo en la sesera.

3/1/13

Mi primera vez













Vivo en la punta de la lengua que los sorianos sacan a su río, bajo las faldas de un desnutrido castillo, en el mismo vértice de ballesta que dicen le hace el Duero -cuando pasa a hurtadillas- a la ciudad. Desde ella contemplo como día tras día el tiempo va erosionado mi vida mientras que las aguas, que todo lo abarcan, se contonean impúdicas ante mí desprendiéndose de sus reflejos, de sus colores, de sus sonidos.
Aunque yo aquí sigo, admirándolas como si se tratara de la primera vez que las viera; extasiado, emocionado, feliz.
Sí, hasta feliz.

Y es que desde que tengo memoria mi río ha estado presente incluso en las ausencias. En él pasé asilvestrado todos los veranos de mi niñez. También hice una gran parte de las correrías de juventud, descubriendo lo que era el amor y chapoteando entre corrientes tan oscuras como frías eran sus aguas. Rodeado de boyuyos, chopos, putaspinchas, barcas, atardeceres eternos, culebrillas, cigarrillos en rama, amigos, familia. En él aprendí a bañarme por las noches y a secarme durante el día; a tirarme por entre sus riscos o peñones. A bucear sin demasiados aires o al ir descalzo por la vida.

En un perímetro que abarcas con una escueta mirada está condensado gran parte del mapamundi de mi existencia y, por ello, mi primera exposición sobre algo debe de ser sobre él, sobre mi río, justo cuando me atraviesa.


He hecho los carteles anunciando la exposición sólo con fotos descartadas pues, aunque no van en ella, me siguen pareciendo que son buenas fotos. Y ya se sabe que no hay para todos y, mucho menos, en esta época de miserables y miserias.