Mi primera vez
Vivo en la punta de la lengua que los sorianos sacan a su río, bajo las faldas de un desnutrido castillo, en el mismo vértice de ballesta que dicen le hace el Duero -cuando pasa a hurtadillas- a la ciudad. Desde ella contemplo como día tras día el tiempo va erosionado mi vida mientras que las aguas, que todo lo abarcan, se contonean impúdicas ante mí desprendiéndose de sus reflejos, de sus colores, de sus sonidos. Aunque yo aquí sigo, admirándolas como si se tratara de la primera vez que las viera; extasiado, emocionado, feliz. Sí, hasta feliz. Y es que desde que tengo memoria mi río ha estado presente incluso en las ausencias. En él pasé asilvestrado todos los veranos de mi niñez. También hice una gran parte de las correrías de juventud, descubriendo lo que era el amor y chapoteando entre corrientes tan oscuras como frías eran sus aguas. Rodeado de boyuyos , chopos, putaspinchas , barcas, atardeceres eternos, culebrillas, cigarrillos en rama, a...