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Mi primera vez

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Vivo en la punta de la lengua que los sorianos sacan a su río, bajo las faldas de un desnutrido castillo, en el mismo vértice de ballesta que dicen le hace el Duero -cuando pasa a hurtadillas- a la ciudad. Desde ella contemplo como día tras día el tiempo va erosionado mi vida mientras que las aguas, que todo lo abarcan, se contonean impúdicas ante mí desprendiéndose de sus reflejos, de sus colores, de sus sonidos. Aunque yo aquí sigo, admirándolas como si se tratara de la primera vez que las viera; extasiado, emocionado, feliz. Sí, hasta feliz. Y es que desde que tengo memoria mi río ha estado presente incluso en las ausencias. En él pasé asilvestrado todos los veranos de mi niñez. También hice una gran parte de las correrías de juventud, descubriendo lo que era el amor y chapoteando entre corrientes tan oscuras como frías eran sus aguas. Rodeado de boyuyos , chopos, putaspinchas , barcas, atardeceres eternos, culebrillas, cigarrillos en rama, a...

Ánimos, ánimas y demás familia

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  Este año, aunque no hubo ánimos para enfrascarse en una aventura tan descabellada como desconcertante del anterior, sí hubo una grandísima leyenda, así que las Ánimas acudieron prestas a su cita con la medianoche de su día. A las faldas de su monte, entre los Arcos y San Polo, y a las orillas de mi casa, las escuché llegar entre un silencio sepulcral solo roto por la aureola de una voz que resonaba profunda por entre las sombras de mi cabeza y las ascuas que brotaban del río.  Algunas ánimas proclamaban que esa voz nítida que escuchaban era la de Morgan Freeman , posiblemente grabada hace 50 días, cuando anduvo bien muerto durante unas cuantas horas por la red, mientras que otras aseguraban que no, que era la voz del mago  Gandalf,  el de la Tierra Media, que estaba de invitada con unos animosos rumanos a la temporada de psylocibes... A saber. Ahora bien, lo que sí puedo asegurar es que esas palabras tan profunda...